
La Inteligencia Artificial está cambiando la forma en que trabajamos. Hoy existen asistentes capaces de revisar correos, abrir documentos, consultar calendarios e incluso ejecutar tareas completas desde el navegador. Sin embargo, mientras más privilegios otorgamos a estos agentes, mayor es el impacto que puede tener una vulnerabilidad.
Esta semana, investigadores de Manifold Security revelaron una falla en la extensión Claude for Chrome de Anthropic que podría permitir que otras extensiones maliciosas del navegador desencadenen acciones autorizadas por el usuario, accediendo potencialmente a información de Gmail, Google Docs y Google Calendar. La investigación fue difundida por The Hacker News y vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchas organizaciones aún subestiman: la seguridad de la IA no depende únicamente del modelo, sino también de todo el ecosistema que lo rodea.
¿QUÉ OCURRIÓ?

La vulnerabilidad no permite que cualquier sitio web tome el control de Claude. El escenario requiere que exista previamente otra extensión del navegador con permisos para interactuar con claude.ai.
El problema identificado por los investigadores consiste en que Claude acepta ciertos eventos simulados como si hubieran sido realizados por un usuario real. Aprovechando ese comportamiento, una extensión maliciosa podría iniciar algunas de las tareas predefinidas que Claude tiene disponibles, como:
- Leer correos de Gmail.
- Acceder al documento más reciente de Google Docs y sus comentarios.
- Revisar el calendario del usuario.
En el modo de funcionamiento predeterminado ("Ask before acting"), Claude aún solicita confirmación antes de ejecutar estas acciones. Sin embargo, quienes habilitaron el modo "Act without asking" podrían quedar expuestos a una ejecución automática sin esa validación adicional.
NO ES UN PROBLEMA DEL MODELO DE IA

Uno de los aspectos más interesantes de esta investigación es que el problema no está en Claude como modelo de lenguaje.
Los investigadores comprobaron que la vulnerabilidad se reproduce independientemente del modelo utilizado (Opus, Sonnet o Fable). El punto débil se encuentra en la extensión del navegador y en la forma en que administra los permisos y la interacción con otras extensiones instaladas.
Esto es importante porque muchas organizaciones centran su evaluación de riesgos únicamente en la IA, cuando en realidad deben analizar:
- Navegadores.
- Extensiones instaladas.
- Permisos concedidos.
- Integraciones con aplicaciones corporativas.
- Gestión de identidades.
- Configuración de privilegios.
UN RECORDATORIO PARA TODAS LAS EMPRESAS
Cada vez más soluciones de IA funcionan como agentes digitales capaces de actuar en representación del usuario.
Cuando una IA puede:
- enviar correos,
- consultar documentos,
- acceder a aplicaciones SaaS,
- modificar información,
- automatizar procesos,
ya no estamos hablando solamente de productividad. Estamos hablando de una cuenta privilegiada que debe administrarse con los mismos estándares que cualquier identidad crítica dentro de una organización.
Este caso demuestra precisamente eso.
La superficie de ataque ya no termina en el correo electrónico o el endpoint. Hoy también incluye los asistentes inteligentes que utilizamos diariamente.
¿QUÉ DEBERÍAN HACER LAS ORGANIZACIONES?
Más allá de esperar una actualización del fabricante, existen buenas prácticas que ayudan a reducir el riesgo:
- Mantener únicamente las extensiones estrictamente necesarias en los navegadores corporativos.
- Revisar periódicamente los permisos otorgados a cada extensión.
- Evitar habilitar modos de automatización total cuando no sean indispensables.
- Aplicar políticas de mínimo privilegio para herramientas de IA.
- Supervisar el uso de asistentes inteligentes dentro del entorno corporativo.
- Incorporar la IA dentro de las evaluaciones de riesgo y de los programas de gestión de vulnerabilidades.
La adopción de IA debe ir acompañada de controles de gobierno y seguridad, del mismo modo que ocurre con cualquier otra tecnología empresarial.
LA IA TAMBIÉN NECESITA UNA ESTRATEGIA DE CIBERSEGURIDAD
Hace algunos años el foco estaba puesto en proteger servidores, estaciones de trabajo y aplicaciones web.
Hoy la conversación cambió.
Los agentes inteligentes comienzan a tener acceso a nuestros correos, documentos, repositorios de código, plataformas SaaS e incluso a procesos completos del negocio.
Eso significa que la seguridad ya no puede limitarse al modelo de IA. Debe abarcar todo el ecosistema que le permite operar.
La productividad que ofrecen estas herramientas es enorme, pero también lo es la responsabilidad de implementarlas bajo un enfoque de Zero Trust, gestión de identidades, monitoreo continuo y control de privilegios.
Porque, al final del día, una IA con acceso a toda la información de una organización merece el mismo nivel de protección que cualquier administrador del sistema.
Acerca del autor
Héctor Maldonado es Líder de Marketing de CompuNet, especialista en comunicación estratégica de ciberseguridad y transformación digital. Desde CompuNet News comparte análisis sobre amenazas emergentes, tendencias tecnológicas y mejores prácticas para ayudar a las organizaciones a fortalecer su postura de seguridad frente a un panorama digital en constante evolución.
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